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La foca monje del Mediterráneo no solo es una de las diez especies de mamíferos más amenazadas de extinción del mundo, es también un bellísimo y simpático mamífero. Curiosa por naturaleza, es una especie clave para el equilibrio de nuestros mares y océanos. Conocerlas es enamorarse de uno de los animales más entrañables del planeta.

Aprende sobre su clasificación o taxonomía: Monachus monachus

La foca monje del Mediterráneo (Monachus monachus) es un mamífero carnívoro marino. Pertenece al grupo de los pinnípedos, que engloba a las llamadas ‘focas verdaderas’, a los otáridos y a los odobénidos. Los pinnípedos (Pinnipedia) son una superfamilia del suborden Caniformia. Se trata de los únicos mamíferos adaptados a la vida acuática marina -junto a los cetáceos (ballenas y delfines) y los sirénidos (manatíes y dugones)-, pero todos llevan una vida anfibia: se alimentan en el agua y descansan y se reproducen en tierra.

Esta superfamilia se divide a su vez, como hemos visto, en tres familias: los otáridos (osos, lobos y leones marinos), los fócidos (focas) y los odobénidos (morsas). En general, los pinnípedos son mamíferos de cuerpo alargado y fusiforme (en forma de huso). Tienen extremidades cortas en forma de aleta o palmeadas (pinna), adaptadas a la natación y son animales gregarios, les gusta vivir en grupos.

La foca monje del Mediterráneo es un mamífero, del orden de los carnívoros, suborden canifornia, de la superfamilia de los pinnípedos, de la familia de los fócidos y del género monachus.

Los fócidos o ‘focas verdaderas’

Los fócidos, también llamados  ‘focas verdaderas‘ (Phocidae), se distinguen de los otáridos y obénidos en que sus extremidades posteriores están dirigidas hacia atrás y no intervienen en la locomoción terrestre: las focas verdaderas se desplazan con movimientos ventrales, pivotando sobre su vientre. Además, carecen de pabellón auditivo, no tienen orejas.

Estas dos características son las que las diferencian claramente de sus parientes otáridos -también llamados ‘falsas focas’-, que son los osos, lobos y leones marinos. Éstos tienen extremidades dirigidas hacia delante, lo que les facilita moverse en tierra a cuatro patas. Los otáridos también tienen pequeñas orejas.

Un macho adulto de foca monje duerme en la playa

El nombre ‘foca’ deriva del vocablo latino phoca, que a su vez tiene su origen en el griego φώκη (phṓkē) con el que los helenos se referían a la foca monje del Mediterráneo, la única que poblaba la zona. Bajando por la clasificación, las focas verdaderas se pueden subdividir a su vez en dos grupos:

  • Las focas del norte: un grupo de diez especies que viven fundamentalmente en la zona ártica y subártica
  • Las focas  del grupo de los Monachinae: en él se agrupan las especies que viven en el Antártico y en las regiones subtropicales y donde se encuentra el género Monachus, al que pertenece la foca monje del Mediterráneo.

Quedan poco más de 700 focas monje del Mediterráneo en el planeta. Ellas son la última esperanza de una especie única, vital para la salud de los mares y océanos de nuestro planeta.

Las focas monje: dos géneros, tres especies

El género Monachus agrupa, desde el año 2015, a una única especie de fócido -la foca monje del Mediterráneo (Monanus monachus)- que, junto a las especies del género Neomonachus, se considera la más antigua de todos los fócidos conocidos. Así pues, hay catalogadas dos especies de focas monje en el mundo. Una tercera (la foca monje del Caribe), se considera extinta desde los años 50.

  • Foca monje de Hawaii o Neomonachus schauinslandi: es la especie endémica de las islas de Hawaii. Se calcula que quedan unos 1400 individuos, aunque en los últimos años su población se ha reducido drásticamente.
  • Foca monje del Mediterráneo o Monachus monachus: se calcula que la mitad de toda su población mundial habita en nuestra reserva Costa de las Focas. También hay grupos de foca monje en Madeira, Grecia, Turquía y Chipre, sumando entre todas estas localizaciones unos 700 animales. A pesar de su nombre, la especia habitaba masivamente tanto el Mar Mediterráneo como el Atlántico oriental. La foca monje del Mediterráneo está considerada en peligro de extinción.

La foca monje es el fócido más grande después de los elefantes marinos (Mirounga). Suele ocurrir que al verlas en el mar o en fotografías -en las que no hay referencias para hacernos idea de su tamaño-, no nos damos cuenta de lo grandes que son. Los machos de foca monje pueden llegar a pesar 300 kilos y medir hasta 2,80 m. Las hembras son algo más pequeñas, pero las crías ya miden un metro aproximadamente al nacer.

P1293 tenía solo tres semanas de vida cuando nuestro equipo la rescató lejos de las cuevas de cría de la colonia y de su madre. Se aprecia aquí el tamaño de un bebé de foca monje, comparado con tres de los miembros de nuestro equipo en la Reserva Costa de las Focas.

La vida privada de la foca monje del Mediterráneo: cómo es, qué come, dónde vive…

Las focas monje del Mediterráneo vienen al mundo con un precioso lanugo negro. Es característico de la especie que nazcan con una mancha blanca en el vientre, que tiene una forma y un patrón de puntos negros único para cada animal (como las rayas de las cebras), y que además es diferente entre crías macho y crías hembra: la parte inferior de la mancha ventral es recta en las hembras y curva en los machos.

El programa europeo de conservación LIFE Feeding Scavengers -que se clausuró en julio de 2020- supuso el diseño, puesta en marcha y 

Un señor

Las hembras de foca monje del Mediterráneo pueden llegar a tener su primera cría a los tres años de edad y tienen una sola cría al año. El periodo de cría en la colonia de Cabo Blanco comienza actualmente en el mes de marzo y termina en noviembre.

Las crías de Monachus monachus conservan su delicado pelaje negro solo hasta los dos meses de edad. Con su primera muda, el pelo pasa a ser de color gris y la mancha ventral queda enmascarada, solo se ven los lados. Si la foca es hembra, mantendrá su pelaje gris como adulta, pero si es macho volverá a tener el pelaje negro y recuperará el diseño de la mancha ventral.

¡Zas! y aparezco a tu lado

Las focas monje de la Colonia de Cabo Blanco se sienten seguras, por lo que son amistosas, curiosas y juguetonas. Son muy sociales y tienen frecuente contacto entre ellas, tanto entre focas adultas o focas jóvenes entre sí , como de focas jóvenes con focas adultas, generalmente para aprender de sus ‘mayores’.

Las madres y las crías se mantienen constantemente cerca en las cuevas de cría. También es frecuente ver a las focas jóvenes jugando a asustar a otras focas, sumergiéndose para pillar desprevenida a su ‘víctima’, a la que tocan o quizá muerden, para disfrutar después de un rato de juego.

¿Qué comen las focas monje? 

La dieta diaria de una foca monje es lo que podríamos llamar coloquialmente ‘marino-variada’: incluye peces, crustáceos (langostas, cangrejos..) y cefalópodos (pulpos, calamares, sepias…). Las hembras ayunan únicamente durante los primeros días de vida de su cría, para después adentrarse de nuevo en alta mar en busca de alimento. Como todos los mamíferos, las crías de foca toman leche de sus madres, o de otras focas madre de la colonia, hasta que tienen cuatro meses de edad.

Historia y distribución

Hace siglos, la foca monje del Mediterráneo poblaba por miles las playas del Mare Nostrum y del Atlántico oriental. Vivía en grandes colonias en bancos de arena y playas a cielo abierto . Sin embargo, debido a su persecución como presa de caza y a la ocupación humana de sus hábitats , hoy se refugia en cuevas inaccesibles y recónditas. La foca monje del Mediterráneo vive actualmente en dos zonas claramente diferenciadas: la población que se distribuye en el Mediterráneo oriental -estimada en tan solo unos 350 ejemplares- y la población atlántica, que cuenta con unas 20 focas en Madeira y más de 360 en la reserva ‘Costa de las Focas’, en la península de Cabo Blanco. Esta última se considera que la población mediterránea está estable y que la atlántica está en crecimiento. Es decir, quedan poco más de 700 focas monje en el mundo. Ellas son la esperanza de una especie clave para la biodiversidad y la salud de nuestros océanos.